martes, 24 de enero de 2017

PATRIA de Fernando Aramburu - El conflicto vasco tratado con humor y calidez, sin obviar el dramatismo que lo impregna - Valoración 8,5 sobre 10


Páginas 648
Idioma Español
Publicación 2016
Editorial Tusquets 
 
Me resisto a leer libros en torno a temas muy vistos, oídos, leídos o convividos: franquismo, Guerra Civil, ETA, IRA, transición… Y más actual: burbuja inmobiliaria, crisis bancaria, corrupción… ¿Me van a decir algo que no sepa? Puede. Algún detalle; pero el ochenta por ciento me sonará. ¿Y el de ETA? Bueno, si con 40 años de saturación informativa no tengo bastante…
¿Y que pasa con Patria? Pues que con tanto elogio de la crítica, al final, la he leído. Sí, y me ha gustado ¿Pasa algo? ¿Que qué me cuenta de nuevo? Nada; pero la gracia está en el tono y la amplitud del panorama humano que retrata. Y mucha gracia es la que hace falta para hacerme engullir 650 páginas en torno a un tema que me sé.

Vamos por partes. La historia. Un pueblo innombrado cerca de San Sebastian. Dos familias amigas desde siempre, la de la víctima: el Txato, propietario de una pequeña empresa de transportes, Bittori, su mujer y tres hijos. Y la del verdugo: Joxian, obrero metalúrgico, Miren, su enérgica mujer empapada de consignas abertzales y otros tres hijos. Llegan las cartas exigiendo el impuesto revolucionario; las calles se llenan de pintadas amenazantes, la gente del pueblo hace el vacío a la familia señalada; se les niega el saludo, cambian de acera, en los corros se hace el silencio a su paso, atendidos con desgana en las tiendas. El consejo de los menos hostiles: que se vayan del pueblo.
Por la página 200 ejecutan al Txato y uno se pregunta si la cosa dará para las 450 que quedan. Y sí, lo da. Aramburu sigue desgranando, con humor y calidez, las vidas de sus personajes de uno y otro bando, vidas que quedan afectadas y torcidas por el asesinato; pero a las que suceden muchas cosas más.

¿Y qué tiene de especial la novela? Pues el tono y los recursos narrativos empleados. Son particulares; y de no ser por ellos, que le dan el frescor, soltura y desenfado que requieren los tiempos, tendríamos una obra más en la veterana tradición, naturalista o costumbrista, de la Pardo Bazán y Pereda.
Tenemos al narrador: se diluye, funde y confunde con los personajes; entra y sale sus cabezas como Pedro por su casa con naturalidad, sin que se note. Un ejemplo de tercera persona, onomatopeya y primera persona en una frase corta:
Los tacones eran para despertarle el apetito a Quique, no precisamente el que se sacia comiendo. Toc, toc, toc, los había oído un rato antes puntear sobre el parqué. A ver si va a llenármelo de agujeros.”
La estructura narrativa es un puzzle donde el autor va encajando escenas traídas de saltos de tiempo y lugar. Va y viene de aquí a allá, del antes y el después. Una escena lleva a otra sin desconcierto del lector.
El lenguaje coloquial, engañosamente fácil, con diálogos que a menudo se integran en la descripción, hacen un relato dinámico y vivaz. Y el humor, siempre ahí, refrescando el ambiente; te lo puedes encontrar al volver la esquina de cada frase:
Y el cura se calentó y dale y venga y la paz. Le salió, cosa rara en él, que tiraba a escueto y aplomado, un encendido sermón de veinte minutos.”
Un recurso muy utilizado: narrador y personajes interactúan con preguntas y respuestas que aportan ligereza, como en una charla de taberna (1):
Días después, ¿quién le habla del asunto del premio literario a Gorka? Nadie. Tampoco su madre, al llegar él a casa, le venía con la lista diaria de felicitadores.”
Los personajes secundarios, caracterizados con una salva de tres tiros:
Ella le había ocultado un incidente en la zapatería. ¿Qué incidente? Pues que la dueña, que es más seca que un polvorón, le había echado en cara que no hubiera esperado más tiempo a quedarse embarazada.”
El conflicto vasco tratado con humor y calidez, sin obviar el dramatismo que lo impregna. Una novela costumbrista, de banda ancha y adaptada a los tiempos que corren: por arduo que sea el tema, te lo leerán, siempre que entre fácil.

NOTAS
(1) Del magistral “Tristram Shandy” (1795) de Laurence Sterne todavía puede aprenderse mucho en lo que se refiere a maneras de interactuar narrador-lector-personajes.
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sábado, 21 de enero de 2017

LA MARCA DE LA SANGRE (Serie Scarpetta 22) de Patricia Cornwell - Buen estilo pero falla casi todo lo demás - Valoración 7 sobre 10

Título original Flesh and blood
Traductor Carlos Abreu
Páginas 432
Idioma Español
Publicación 2014 (2016)
Editorial Ediciones B
Pocas novelas negras tengo reseñadas con menos de un 8. ¿Y las que no son negras? Tampoco. Ni de ensayo, historia, filosofía, ni nada de nada. Con menos de un 8, casi ningún libro. ¿Y eso? Fácil; si no van para 8 ahí se quedan; los dejo a medio leer. ¿Para que seguir, dale que te pego, con un libro que no da la talla? Impaciencia: el sillón es un nido de avispas; cruzas y descruzas piernas, culo, codos y espalda no encuentran su lugar. Y piensas: tendré que cambiar el maldito sillón. Mentira. Lo que tienes que cambiar es el libro. ¿Y el tiempo? Oro en lingotes: cuando lees un libro que no te acaba, dejas de leer otro, entre cientos, que podría gustarte más. Y eso es un derroche de tiempo tirado por la ventana. Si tiempo es lo que sobra. Ni hablar; ni de joven me ha sobrado; siempre he sido un egoísta del tiempo.
¿Que qué le pido a una novela policíaca, o negra, o criminal, o lo que sea? Pues nada, que sea entretenida. ¿Nada más? ¿Te parece poco? A mi me entretiene una trama original, nada requetevisto; que haya algo en el estilo, fuera de lo corriente; buenos giros y sorpresas, personajes de cuerpo entero; final abierto, cerrado o entornado, pero que no desmerezca, y más. Puestos a pedir… En realidad me conformo con que se den uno o dos requisitos y lo que falla, que no lo eche todo a perder.


Es el caso de “Marca de sangre”. Buen estilo y el resto flojillo. ¿Por qué buen estilo? Nada, me gusta esa primera persona dubitativa, vacilante y paranoica en la voz de Scarpetta. ¿Y que falla? Pues casi todo lo demás. La trama se salva mientras se mantiene, abierta, pero en el cierre se precipita e improvisa. Los personajes, menos Scarpetta, sólo bosquejados, tanto que parecen fantasmas: el cerebral Benton, marido de la susodicha, perfilero del FBI, más tieso que una vela, dispensando psicología barata; Marino, el más simpático, aparece poco, igual que Lucy, una Lisbeth (1) potencial desaprovechada. ¿El final? Sacado de la manga.

¿La historia? En dos palabras: una serie de asesinatos que parecen implicar a Lucy y la misma Scarpetta. Le doy un 8 porque lo he terminado, pero igual podría quedarse con un 7 o un 6. ¿Sabes que te digo? Que lo dejo en un 7.

NOTAS
(1) La protagonista de la serie Millnnium de Steig Larsson


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martes, 17 de enero de 2017

¿PARA QUÉ FILÓSOFOS? de Jean-François Revel - Claro, fresco y estimulante - Valoración 8 sobre 10

Año publicación: 1957
Páginas 113



Aquí puede uno descargar un librito, editado por la FAES y escrito por José María Aznar y Mario Vargas Llosa, en memoria de Jean-François Revel, titulado “Elogio a un liberal”. Ese detalle hubiera bastado para evitar la tentación de leer a Revel si no fuera por mi costumbre de informarme sobre un autor que no conozco después, y no antes, de leer uno de sus libros. No se, por aquello de tener una primera impresión (vana, siempre) libre de prejuicios. Y me alegro, porque éste libro de Revel me ha gustado.

“¿Para qué los filósofos?” (1957), fue el primer libro del filósofo Revel en que se dedica a descuartizar la filosofía continental, sobre todo la francesa, y a partir de ahí se pasa al periodismo y el análisis político. Hola y adiós, pedazo de inútiles. El resto de su carrera la ejerce como beligerante polemista en defensa del pensamiento liberal contra el ogro de las izquierdas, haciendo pareja con Raymond Aron. No he leído sus libros políticos (1), pero lo haré; hasta que me canse, claro.

Mi corta experiencia con la filosofía contemporánea ha consistido en esporádicos acercamientos cautelosos y decepcionantes: a ver… a ver… esto no, esto tampoco, indescifrable, vaya empanada. Los analíticos (Ayer, Davidson, Rorty…), ininteligibles vueltas con el lenguaje; los continentales (Heidegger, Ricoeur, Lacan, Lyotard, Deleuze…), oscuros, caóticos o triviales. Recuerdo que el último intento fue con… ¿algo de Davidson? Después de una larga disquisición sobre si había que “desentrecomillar” o no, nosequé, salí corriendo. ¿Y los franceses? ¡Ah, los franceses! El estupendo libro de Alan Sokal (2) me ratifica e inmuniza para siempre.

Revel carga contra todo bicho filosófico viviente: historiadores de la filosofía como R. Mondolfo, Heidegger, Bergson, Sartre (menos), Lacan, Berkeley, Hegel, Kant, Lévi Strauss (menos), la filosofía académica, y en general la psicología y la sociología. Salva a Sartre y a Freud por sus aportaciones concretas, no por sus planteamientos generales.

Como antes la religión, la filosofía retrocede, por incomprensión, ante las ciencias más maduras como la física o la biología y se parapeta tras las más inmaduras, como la psicología o la sociología. Los filósofos pontifican de estética sin saber nada de arte, de ética sin ser moralistas, de metafísica sin saber nada de física, de la mente sin idea de psicología; con el agravante que sus teorías totales, no se conforman con explicaciones parciales como hace la ciencia. Durante siglos, la filosofía ha remplazado a la ciencia y hoy “Al no poder remplazar a la ciencia, el filósofo quiere explicarla.” La realidad es que los científicos nunca han necesitado de la filosofía para avanzar.

Estoy con Revel en que lo que importa son los hechos y los análisis concretos en vez de los sistemas totales que tanto gustan a los filósofos y que edifican a espaldas de los hechos. A mi que me den datos, que ya me encargaré yo de interpretarlos. O como decía Mark Twain: “Obtén los hechos primero, y luego distorsiónalos como quieras”. Más información y menos opinión. ¿Qué es la cultura sino un gran sistema total de filtración y distorsión de hechos?

Lo que Revel reprocha a la filosofía académica yo lo haría extensible a la “Tradición Cultural”:

Arrastra así nuestra época una suerte de capas geológicas de antiguos problemas, que si nos remontásemos sin más ni más a su “origen” filosófico e intentásemos “reactivarlo” para nosotros, se revelarían como realmente inconcebibles.”

Se dice que somos herederos del racionalismo ilustrado. Ya. Pero solo veo tradiciones de origen religioso, pagano y folklórico. Dime una sola tradición ilustrada. ¿Los sanfermines? ¿Las navidades y semanas santas? ¿El día de la madre? ¿Qué tradición resistiría que nos remontáramos a su origen? ¿Cuántas capas geológicas de tonterías fosilizadas hay en las tradiciones?

También comparto su crítica a los vocabularios herméticos. ¡Cada corriente filosófica y, a menudo, cada autor tienen el suyo! La comparto y la hago extensible a todas las humanidades. Lo clava cuando cita a Kierkegaard y su control de calidad:

El medio infalible para saber si alguien comprende lo que dice es invitarlo a decirlo de otra manera.”



¿Reparos? También los tengo. ¿A que vienen esas reverencias a Platón? (No es el único. Platón por aquí, Platón por allá… el pan de cada día de todo filósofo que se precie.) ¿Qué queda hoy de Platón y de su idealismo metafísico de Ideas colgando de la bóveda celeste? Las Ideas no están ahí esperando que alguien las descubra; hay que currárselas. Y si lo están, colgadas en la bóveda, están todas, las correctas y la erróneas, verdaderas y falsas, y parece que Platón y sus acólitos tenían querencia por las falsas.

Otro reparo pero que disculpo: defiende a Freud contra la psicología trivial de su época. De acuerdo, cuando escribió el libro, en 1957, las neurociencias estaban en pañales.

Bueno. ¿Para qué negarlo? Es un libro fresco y estimulante. Revel sabe poner de los nervios a los pomposos sabelotodo. Otro cantar serán sus libros políticos con fama de adalid liberal y apisonadora de las izquierdas. Que sea tan elogiado por la Faes (Aznar y su amigo Vargas Llosa), lo que es favor, no le hace.



NOTAS

(1) Otros títulos de Revel como polemista político:

-          Las ideas de nuestro tiempo. Ed. Emecé. Buenos Aires (1973)

-          La tentación totalitaria. Plaza & Janes (1976)

-          El Estado megalómano. Planeta (1981)

-          Cómo terminan las democracias. Planeta (1985)

-          El conocimiento inútil. Espasa-Calpe (1993)

-          El monje y el filósofo. Urano (1998)

-          La gran mascarada. Ensayo sobre la supervivencia de la utopía socialista. Taurus (2000)

-          Diario de fin de siglo. Ediciones B (2002)

-          La obsesión antiamericana. Dinámica, causas e incongruencias. Urano (2003)



(2) Alan Sokal (1999) - Imposturas intelectuales, Paidós



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miércoles, 4 de enero de 2017

HISTORIA DE LA CIENCIA 1543-2001 de John Gribbin - Las biografías de los científicos y los cálculos y experimentos explicados, la hacen apasionante - Valoración 9 sobre 10

 Título original Science: a history 1543-2001
Traductor Mercedes García Garmilla
Páginas 608
Idioma Español
Publicación 2003 (2003)
Editorial Crítica
 
Doy una ojeada a las asignaturas del bachillerato en España (LOMCE 1013) y no veo ninguna Historia de la Ciencia. Hay Filosofía (muy de moda por la serie Merlín). No lo critico, pero no es lo mismo. La filosofía está bien como ejercicio mental aunque puede llevar al estudiante al callejón sin salida del desaliento y la confusión: especular es gratis y todo vale. O casi. Hacer ciencia es distinto; hay que experimentar, cuantificar, comprobar las hipótesis y ponerlas a prueba hasta formular teorías que puedan ser verificadas y perfeccionadas por nuevas teorías más completas. Para hacer ciencia hay que ensuciarse las manos; por eso los griegos no la consiguieron. Para ellos el trabajo manual era cosa de esclavos y artesanos, indigno del noble ciudadano. Los tratados hipocráticos y los filósofos jónicos, que hubieran iniciado el camino científico, quedaron a un lado y triunfó el idealismo platónico que, primero con el neoplatonismo y después con el cristianismo, nos condenó a más de veinte siglos de filosofía especulativa al servicio de la teología. Hubo que esperar al Renacimiento y la Ilustración para quitarnos de encima ese lastre (1).

La “Historia de la ciencia 1543-2001” de John Gribbin podría ser el perfecto libro de texto para esa signatura que creo necesaria en el Bachillerato. Es claro, ameno, interesante y hasta divertido; recorre el camino de la ciencia situándola en su contexto histórico (2), lo enriquece con curiosísimas biografías de científicos, explica su avance paralelo a la tecnología y las matemáticas con las que se retroalimenta, y explica el apasionante juego de influencias entre trabajos aislados, en el tiempo y el espacio, que a alguien se le ocurre aprovechar para alumbrar una teoría genial. Inspiración, tesón, trabajo duro, azar y condiciones propicias, ocasiones perdidas, avances y retrocesos, todo juega su papel en la apasionante historia de la ciencia y Gribbin lo sabe trasmitir de manera deslumbrante. Un manual debe ser riguroso, pero entrará mejor si es divertido y vibrante. Muchos se declaran “de letras” porque no han tenido la opción de ser seducidos por las ciencias; un libro así, leído y trabajado a los 17 años, podría remediar ese déficit y despertar afición por las ciencias. Entre los adultos, es desalentador comprobar que hay tantos interesados en lo paranormal y tan pocos en las ciencias, consecuencia, quizás, de lo mal que se han enseñado las asignaturas de exactas.

Sobra aclarar que el libro de Gribbin es una historia de las ciencias naturales desde la astronomía a la física de partículas, pasando por la química, la geología y la biología.

No intentaré resumir un libro cuyo interés está precisamente en los detalles. Me limito a dejar constancia de algunos rasgos que me han llamado la atención:

  1. Las biografías de los científicos y su contexto histórico muestran a la vez el carácter humano (fortuito y azaroso) de sus protagonistas, y las condiciones sociales y tecnológicas que una vez maduras, de forma casi inexorable, conducen a los avances científicos.
  2. Son las personas las que hacen la ciencia y éstas pueden ser sensatas, raras (Cavendish, posiblemente un asperger, casi nunca hablaba y vestía ropas pasadas de moda), y obsesivas y hasta locas (Newton dedicó más tiempo a la alquimia y la religión que a la ciencia y lo dominaban fuertes sentimientos de odios y venganzas). Y de ahí lo apasionante: cómo de ese batiburrillo de trabajo duro y pura casualidad, de grandezas y vilezas, paso a paso se van recogiendo los pedazos hasta formar un cuerpo de verdades objetivas que explican el universo. El proceso es contingente y muy accidentado; el resultado, la ciencia, seguramente el mayor logro de la humanidad.
  3. Gribbin rechaza la idea kuhneana de la revoluciones científicas y en su historia muestra el avance de la ciencia como un proceso incremental en que una teoría no invalida a otra sino que la afina, completa y perfecciona. Una conjetura puede ser errónea, una hipótesis, invalidada por pruebas que la desmienten, pero una teoría que explica sucesos y predice otros que luego se cumplen, es una verdad objetiva. Una teoría se expresa en leyes que deben ser cuantificables y explican los vínculos causales entre las variables implicadas.
  4. Parece que la enseñanza reglada no significó gran cosa (cuando no era un obstáculo) hasta bien entrado el siglo XIX y principios del XX. En el Renacimiento y la Ilustración muchos eran astrólogos, al servicio de príncipes interesados en horóscopos y predicciones; otros procedían de la alquimia o la medicina (aristotélica) y muchos eran autodidactas, como Faraday, encuadernador, o James Croll, portero en el Andersonian College and Museum de Glasgow.
  5. Sorprende y maravilla el ingenio desplegado para desarrollar la ciencia experimental. Cómo, a través de cálculos y experimentos sencillos, que Gribbin explica con abundantes detalles, se llega a grandes teorías sobre el universo, la materia o la vida 
NOTAS
(1)   CIENCIA Y POLÍTICA EN EL MUNDO ANTIGUO de Benjamin Farrington. Ayuso 1973)
(2)    Igual que hace Bertrand Russell en su HISTORIA DE LA FILOSOFIA OCCIDENTAL


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martes, 20 de diciembre de 2016

EL PODER CAMBIA DE MANOS de Czeslaw Milosz - El dilema de adaptarse o morir en la Polinia soiética - Valoración 9 sobre 10


Título original Zdobycie władzy
Traductor Rafael Vázquez Zamora
Páginas 240
Idioma Español
Publicación 1953 (1983)
Editorial Orbis

En 1951 Czeslaw Milosz se había exiliado y vivía en Francia. Cuando publicó la novela en 1953 nada se sabía de los crímenes de Stalin ni de la Gran Purga que fueron denunciados por Nikita Jrushchov en 1956. Pero los polacos ya sabían como las gastaban los soviéticos: en1939, por el Pacto Ribbentrop-Mólotov, las tropas soviéticas ocuparon la zona oriental de Polonia, masacraron a unos 22.000 ciudadanos, hicieron unos 450.000 prisioneros de guerra y varios miles fueron enviados a Siberia y otros campos. El total de las víctimas en Polonia causadas por la Segunda Guerra Mundial fueron de unos 7 millones, la más alta por país de esta contienda. Si la ocupación soviética fue dura, la alemana, espeluznante, significó el exterminio planificado de millones de judíos y polacos.


Richard J. Evans, en su “El tercer Reich en Guerra”, relata la impasible frialdad con que los alemanes mataban judíos y polacos. Las citas de diarios y cartas de soldados y civiles son escalofriantes: el diario de Zyginunt Klukowski, médico polaco, el de Wilm Hosenfeld, oficial alemán, el maestro de escuela judío Chaim Kaplan, el historiador judío Emanuel Ringelblum… En este contexto, uno se pregunta que sentido tienen las novelas policíacas como “Lumen” de Ben Pastor, en que el capitán Martin Bora investiga el asesinato de una monja, cuando, seguramente, mientras andaba por las calles de Varsovia, veía ciudadanos caer como moscas.

En “El poder cambia de manos” Milosz no sitúa el foco en la ocupación alemana de 1939 sino en el alzamiento de Varsovia en 1944 (1) por parte del Ejército Territorial (resistencia nacionalista polaca) en su desesperado intento de expulsar a los alemanes mientras el Ejército Rojo permanecía impasible al otro lado del Vístula. La resistencia esperaba la ayuda de los aliados que nunca llegó, fue aplastada y Varsovia vaciada y demolida por los alemanes (el 85% de los edificios destruidos). El Ejército Rojo entró el 17 de Enero de 1945 y dio comienzo la ocupación soviética.


La novela tiene dos partes: la primera describe las luchas durante el alzamiento y la segunda la entrada del Ejército Rojo y los primeros pasos de la sovietización de Polonia. En la primera hay más acción: se describen las caóticas refriegas de la inútil resistencia polaca contra los alemanes en las calles de Varsovia. La segunda parte es más discursiva: se explican las tácticas de los encargados de sovietizar Polonia, cómo se sirven de la manipulación o la violencia, y las actitudes de los polacos obligados a adaptarse o morir.

La obra se organiza como un mosaico, compuesto por cortes que escenifican la evolución de la historia y sus personajes. Milosz los presenta en distintos escenarios que explican su pasado, sus dudas, reflexiones y conflictos, sus formas de supervivencia o de adaptación al nuevo orden soviético. Se estudian entre si y desconfían unos de otros, sincerarse en un descuido les puede costar la vida:

Piotr habría dado mucho por hablar con Baruga con toda franqueza, pero esto era imposible. Cada una de las frases de aquel hombre tenía una finalidad táctica.”

Y adaptarse es perder la identidad:

Es posible que, a fuerza de doblez, desaparezca por completo en ellos su propio desdoblamiento, y que se conviertan para siempre en los personajes, en los papeles que han aprendido y que representan en esta comedia.”

Exprese el terror intangible que respiraba la burocracia soviética:

Piotr se daba cuenta de que en el sistema soviético se juzgaba si un hombre era «seguro» ateniéndose a signos casi imperceptibles, casi por el fluido que se desprendía de él.”

Capta la diferencia entre el terror nazi, directo y brutal, y el soviético, sordo, solapado como una premonición:

En los ojos de sus conocidos y en los de todos los que encontraba en la calle leía el miedo. Y este miedo era diferente, era un miedo nuevo: lo que espantaba ahora a las gentes no era un peligro inmediato, sino algo así como la amenaza misteriosa y preñada de prohibiciones que pesa sobre las tribus primitivas.”

Hay que recordar que en 1953, cuando se publicó esta novela, nada concreto se sabía del terror estalinista. "Vida y destino" de Vasili Grossman se publicó en 1959. (Por cierto, la intuición de la amenaza misteriosa que sienten los personajes de Milosz me recuerda la caída en desgracia de Víctor Shtrum en la grandiosa obra de Grossman –que tengo que releer-.)


Dentro de una gran variedad de personajes, el autor prefiere los más complejos sobre los que hace bascular el peso de la narración: Foca, sensible y perceptivo; Piotr, noble y angustiado; Baruga, político astuto y oportunista “Baruga se enorgullecía de poder manejar psicológicamente a cualquier persona. A cada uno hay que tratarlo según la medida que da, y así se logra captar a los hombres y hacer que nos sirvan con fidelidad.”; Wolin, frío y pragmático, uno de los responsables de organizar la policía; Winter, judío, compañero de Piotr en la deportación a Rusia del 39, ahora un alto cargo responsable de planificar el nuevo orden, comunista convencido que conoce el lado oscuro de su misión “Winter había visto funcionar a la perfección ese mecanismo que permite convencer al que está mirando una casa y hacerle creer que no ve una casa sino una nube.


El estilo de Milosz es claro, limpio y matizado, de una sencillez clásica. Muestra un cuadro completo de la compleja respuesta, ética y psicológica, de los personajes ante el sistema soviético. En la novela de Tisma, “El uso del hombre”, tras el brutal rodillo alemán, no quedaba apenas rastro de humanidad. En la de Milosz, la gente, temerosa y alerta, se prepara para afrontar el delicado equilibrio de cuerda floja que les depara el futuro bajo la losa soviética:

El sistema ruso era sencillamente el de una inmensa escuela de párvulos, y millones de personas habían comprendido el truco que permitía conducirse de tal modo que no le sucediera a uno nada irreparable. No se trataba, ni mucho menos, de adherirse sinceramente a los principios soviéticos. Lo necesario era, simplemente, disponer el fondo de la persona de manera que, cuando uno decía algo, resultara lo mismo que si lo creyera.”



NOTAS

(1) VARSOVIA 1944, de Norman Davies, EDITORIAL PLANETA, S.A, 2005. Un buen libro sobre este acontecimiento

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martes, 13 de diciembre de 2016

EL USO DEL HOMBRE de Aleksandar Tisma - Sin concesiones, sin compasión ni esperanza - Valoración 9 sobre 10


Título original Upotreba Coveka
Traductor Luisa Fernanda Garrido | Tihomir Pistelek
Páginas 312
Idioma Español
Publicación 1976 (2013)
Editorial Acantilado
 
Un relato antiheroico, crudo y devastador de la ocupación alemana de Yugoslavia. Antes de la guerra la vida bulle de pequeños vicios, pasiones, anhelos y, también, honestas ambiciones. Durante la ocupación, el rodillo de violencia lo aplasta todo sin dejar ni un pequeño resquicio de humanidad. Después de la liberación, los que no han muerto víctimas de un exterminio frío y calculado, quedan reducidos a ruinas humanas vacías, rotas, inservibles para una vida normal,
La historia se sitúa en Novi Sad, ciudad al norte de Serbia, y explica las vidas del grupo de estudiantes y sus familias, unos judíos y otros no, a los que Anna Drentvenšek, apodada por los estudiantes «la Señorita», da clases de alemán allá por los años 1935-36. Anna muere después de una intervención para extraerle cálculos biliares y deja un diario (un poco cursi y angustiado) que aparecerá al final de la novela (1950) cerrando un círculo simbólico de abuso y desolación.
En medio, Tisma nos cuenta como se desmoronan las vidas del pequeño grupo de estudiantes y sus familias durante la ocupación alemana. Destacan las historias de Vera Kroner y Sredoje Lukuzić. Vera, una guapa pelirroja, hija de un próspero comerciante judío casado con una alemana, escapa viva del campo de concentración en el que es obligada a ejercer de esclava sexual. De regreso a su casa vacía en Novi Sad, recibe por las noches a desconocidos con los que copula a cambio de pequeños regalos. Sredoje Lukuzić, antes pretendiente de Vera, pierde padre y hermano en su huida a Budapest, se enrola en la policía colaboracionista húngara, mata a un oficial alemán cuando intenta abusar de él y huye uniéndose a la resistencia. Hay muchas más historias, devastadoras, de personajes zarandeados y arrastrados como peleles por el tsunami de la ocupación.

La novela es intensa, rápida y absorbente, cuajada de detalles cotidianos de la época. Los continuos saltos temporales hacen que los contrastes del antes y el después impacten más profundamente en el lector. El estilo es naturalista, como un Zola que ahorra descripciones superfluas sin escatimar escenas duras que contribuyen al contexto:
un poco más lejos, el caballo blanco, que Sredoje había visto después de la primera oleada de aviones, ya agonizaba, tumbado de costado, sacudiendo la cabeza y pataleando con los poderosos cuartos traseros enredados en el meandro de los intestinos”.
Sin concesiones, sin compasión ni esperanza, dibuja el paisaje crudo durante y asolado después de la ocupación.

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domingo, 11 de diciembre de 2016

LA NOCHE DE LOS GENERALES de Hans Hellmut Kirst - Buena crítica del militarismo con una compleja y turbadora trama bien ensamblada - Valoración 8,5 sobre 10

Título original Die nacht der generale
Traductor Agustín Puig
Páginas 354
Idioma Español
Publicación 1962 (1970)
Editorial Planeta
  
La lectura de “La hora estelar de los asesinos” de Pavel Kohout ha despertado mi curiosidad por la novela policíaca en tiempos de la ocupación alemana. Recuerdo con agrado las siete novelas de la serie Bernie Gunther de Philip Kerr que leí de un tirón. Este es el primer contacto con Kirst. Habrá más, seguro.

Una guerra quizá sea la situación extrema que mejor se preste a la exploración de la conducta humana en sus dos caras: la de la víctima y la del verdugo. En “La noche de los generales” Kirst se centra en la élite militar de los ocupantes (verdugos) y la disecciona sirviéndose de la ironía, la parodia y hasta la caricatura.

La primera impresión es que estas leyendo una novela de salón, escrita en lenguaje remilgado, casi burocrático, que revela una cultura militarista en que las palabras velan y esconden la cruda realidad. Esa cultura que, por ejemplo, llama gesta a la masacre de personas inocentes o que mitos grandilocuentes como patria, raza y misión histórica, justifican el exterminio de millones de seres humanos. En ese contexto un frío asesino psicópata puede ser respetado, admirado y temido como gran héroe.

Tres prostitutas cruelmente asesinadas en Viena (1942), París (1944) y Dresde (1956) y tres sospechosos, generales del ejército alemán:

1. General de infantería Von Seylitz-Gabler, comandante de cuerpo de ejército. Típico militar de la escuela prusiana, pomposo, pusilánime y escurridizo, manipulado por su ambiciosa mujer cuyo única meta es conseguir ascensos y escurrir el bulto amparándose en su ayudante el general Kahlenberge, al que no duda en traicionar cuando fracasa la Operación Valquiria (1). Kirst describe con maestría su capacidad de adaptación y su habilidad para apuntarse al bando ganador. Un miserable que esconde su cobardía tras grandes palabras como la historia, el cumplimiento del deber, abnegación o sacrificio.

2. Teniente general Tanz, comandante de la división especial «Nibelungen». El general de hierro, cruel e impasible, maniático de la puntualidad, el orden y la limpieza, fumador y bebedor compulsivo, dominado por oscuras pulsiones psicopáticas.

3. Mayor general Kahlenberge, jefe de estado mayor del cuerpo de ejército. Astuto, eficiente y moderado, intenta comprometer a su jefe, el general Von Seylitz-Gabler, en el atentado a Hitler sin conseguirlo.

Kirst ha elegido tres modelos, arquetipos del militar alemán de la Segunda Guerra Mundial (y puede que de cualquier época), los rodea de jugosos personajes secundarios: la ambiciosa mujer, la hija inconformista, ayudantes y subalternos de diversa ralea, y los confronta con dos policías: el comandante Grau de la sección de contraespionaje alemán y el inspector Prévert de la Sureté francesa, a los que describe como profesionales criminalistas que ocultan sus simpatías políticas. Grau es un cazador tenaz que no se detiene ante los galones y Prévert, maquiavélico y astuto, organiza una brillante trampa final para acorralar al asesino con la colaboración, voluntaria o no, de todos los personajes implicados.

Al relato de los sucesos en las tres ciudades, con predominio de suculentos diálogos, lo acompañan informes, cartas, fragmentos de memorias, declaraciones y entrevistas de personajes principales y secundarios, que, intercalados en la historia, ilustran el carácter, rumbo y destino de los generales hasta los años sesenta. Destaca la capacidad de adaptación (camaleónica) de Von Seylitz-Gabler al nuevo contexto de la postguerra interpretando los hechos según le conviene, como muestra del patrón que siguieron miles de alemanes y colaboracionistas en su proceso de “reinserción”. Los crímenes fueron tan grandes y tantos los implicados que el mundo prefirió mirar a otro lado.

Siempre me he preguntado como es posible que naciones enteras sigan a locos criminales en sus desvaríos sanguinarios (Hitler, Stalin, Mussolini, Franco): crisis económica, manipulación, control burocrático, represión, terror, ignorancia de muchos, ambición y falta de escrúpulos de otros, retroalimentación de odios, frustraciones y rivalidades pueden estar entre las causas que, al leer un buen libro sobre el tema (2), crees que entiendes. En realidad nunca lo entenderé.

Buena crítica del militarismo con una compleja y turbadora trama bien ensamblada, hábil manejo del diálogo y dominio escénico, fino diseño de los personajes y exasperante descripción de cómo la mayoría se libra de asumir responsabilidades.

Hay pelicula (3) en YouTube, buena pero que no se ajusta del todo a la novela:



 NOTAS
(1)     Intento fallido del 20 de julio de 1944 de asesinar a Adolf Hitler.
      Kershaw, Ian (2000). Hitler (1936-1945). Barcelona: Ediciones Península.
(2)     Para Alemania recomiendo la monumental trilogía de Richard J. Evans sobre el Tercer Reich:
     La llegada del Tercer Reich (Ed. Península, 2005)
    El Tercer Reich en el poder (Ed. Península, 2007)
    El Tercer Reich en guerra (Ed. Península, 2011)
      Y los espeluznantes Diarios de Victor Klemperer:
       Klemperer, Victor (2003). Quiero dar testimonio hasta el final: Diarios 1933-1941. Galaxia  Gutenberg.
      Klemperer, Victor (2003). Quiero dar testimonio hasta el final: Diarios 1942-1945. Galaxia Gutenberg.
(3) La noche de los generales dirigida por Anatole Litvak (1967). Con Peter O'Toole y Omar Sharif

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